Mujeres en la ciencia

Si se nos pidiese nombrar a, digamos diez, científicos históricos de cualquier campo nos sería relativamente fácil completar la tarea. Nombres como Newton o Einstein se nos vendrían rápidamente a la cabeza. Pero ¿qué ocurre si lo que se nos pidiera fuese nombrar a diez científicas? la tarea sería más compleja, y es que a lo largo de la historia, el acceso a una formación equivalente a la de los hombres les fue vetado a las mujeres. Aún así a lo largo de la historia encontramos mujeres impresionantes que destacaron en diferentes campos científicos y superaron estas enormes barreras.

Hipatia de Alejandría

Ninguna mujer científica de la época puede presumir de tener un asteroide con su nombre así como un cráter en la Luna y haber sido personificada en incontables obras (por ejemplo en la película Ágora).

Hipatia destacó en astronomía y matemáticas, siendo de hecho considerada la matemática más influyente del momento por sus contemporáneos. Aunque no dejó ningún escrito propiamente suyo, al igual que Fermat acostumbraba a comentar las obras en los márgenes, por lo que es imposible saber que pertenece a la obra original y que a los comentarios. Entre las obras destacan: la aritmética de Diofanto, las secciones cónicas de Apolonio, el Almagesto de Ptolomeo y un canon astronómico que consistía en un conjunto de tablas estelares, con estas últimas confeccionó un planisferio. En su faceta de inventora, perfeccionó el astrolabio e ideó un artilugio para medir el peso y densidad de los líquidos, el higrómetro. Además, realizó una revisión de los elementos de Euclides comentados por su padre Teón, también matemático. Curiosamente fue esta obra la que fue traducida al latín del árabe en el siglo XII, la contribución de Hipatia al libro matemático más importante de la historia.

Sophie Germain

También conocida como Antoine-Auguste Le Blanc, seudónimo epistolar que empleó en su correspondencia con diversos matemáticos. Y es que Sophie cometió el delito (nótese la ironía) de interesarse por las matemáticas más de lo que su estatus femenino le permitía en la época. Leer a Newton o Euler era, por lo visto, actos indignos de una señorita. Ante tales comportamientos, sus padres intentaron poner todas las trabas posibles a su formación, resultando dichas trabas infructuosas, pues la obstinación y empecinamiento de Sophie en estudiar matemáticas le hizo superar todos esos obstáculos.

Es sin duda curioso como Sophie obtuvo su alias. El nombre de Antoine-Auguste Le Blanc lo tomó prestado de un amigo suyo que estudiaba en la École Polytechnique de París, de manera que pudo obtener los apuntes y ejercicios correspondientes. Más tarde su amigo Antoine-Auguste tuvo que abandonar Paris continuando Sophie resolviendo los ejercicios que le eran enviados. Tal fue el asombro de Lagrange ante tales ejercicios que pidió una entrevista personal a Antoine-Auguste, llevándose la sorpresa de que él era en realidad ella. Por suerte, a Lagrange solo le interesaba el conocimiento y fue mentor y guía de Sophie, sin importarle que fuese una mujer.

Sophie mantuvo también correspondencia con Gauss y Legendre, trabajó en la teoría de números y en el teorema de Fermat. Trabajando en este último dio nombre a los primos de Germain y demostró el teorema para esos números (un número primo p es un primo de Germain si 2p+1 es también un número primo). Asimismo posteriormente ganó un concurso de la Academia de las Ciencias Francesa por un estudio de vibraciones de membranas, siendo la primera mujer en ganarlo.

En 1830 fue propuesta por Gauss para la obtención del doctorado Honoris Causa por la universidad de Gotinga, lamentablemente falleció antes de poder recibir tal honor y lo recibió de manera póstuma.

Augusta Ada King, condesa de Lovelace

Ada Lovelace es conocida por haber sido matemática, escritora y la primera programadora de ordenadores en nada menos que 1841.

Ada recibió una fuerte educación matemática, dadas su buenas dotes para la materia. Cuando Ada tenía 17 años, conoció a Charles Babbage y a su “máquina analítica”. Ada escribió a su amigo Babbage en 1841 expresando su deseo de colaborar con él en la “máquina analítica”. El fruto de esta colaboración fueron unas “Notas” en las que Ada no solo explica el funcionamiento de la máquina, sino que además habla de sus posibilidades teóricas más allá del simple computo de números. En las notas la condesa de Lovelace habla del empleo de símbolos y del uso de las tarjetas perforadas y tareas repetitivas (bucles). Una de las frases más célebres de las notas es la siguiente:

“Puede decirse que la primera (la máquina analítica se entiende) teje dibujos algebraicos, del mismo modo que el telar de Jacquard teje flores y hojas”.

En estas notas, es donde aparece también el primer programa de ordenador, un algoritmo para computar los números de Bernoulli. En esta parte de las notas se describe con todo detalle las tarjetas perforadas y las operaciones necesarias para computar los números de Bernoulli. El algoritmo nunca fue probado (la gran segunda máquina de Babbage nunca fue construida) sin embargo se considera a Ada la primera persona en crear un lenguaje de programación y una rutina.

Las notas de Ada fueron publicadas en Scientific Memoirs en 1843, sin embargo ella firmó con sus iniciales A. A. L.  que si bien enmascaraban su identidad, no lo hicieron lo suficiente, y pronto se descubrió su identidad (y con ello su género) y no fue tomada en serio.

Actualmente, Ada ha obtenido el reconocimiento que se merece (tiene incluso un día), pero tal vez el más significativo de los honores es el que le adjudico el Departamento de Defensa de los Estados Unidos al crear el lenguaje de programación MIL-STD-1815 más tarde conocido como Ada (nótese que 1815 es el año de nacimiento de la condesa).

Marie Curie

Nada más ni nada menos que la primera persona en ganar un premio Nobel en dos categorías diferentes: en Física por sus contribuciones en el estudio de los fenómenos radiactivos y en Química por sus contribuciones al avance de la química y por el descubrimiento de los elementos Polonio y Radio.

El genio de Maria Salomea Sklodowska-Curie está fuera de toda duda. Nació en Polonia, cuando está estaba bajo el dominio del imperio ruso, quien no promovía la educación de los polacos y mucho menos de las mujeres, por lo que estudió clandestinamente. En 1891, con 24 años emigró dónde se casó con Pierre Curie y desarrolló sus estudios. Pese a obtener la nacionalidad francesa, nunca perdió su identidad, prueba de ello fue que nombró el primer elemento que descubrió como Polonio en honor a su país natal. Asimismo enseñó polaco a sus hijas y las llevó de visita a Polonia en numerosas ocasiones. También fue la primera mujer en ocupar el puesto de profesora en la universidad de París. Los honores y homenajes con los que cuenta son incontables, monedas, elementos, la unidad de radiactividad (el curio), una estación de metro en París, un asteroide, un cráter lunar, etcétera. Todo parece poco comparado con su gran genio.

Y muchas más…

Como la matemática Amalie “Emmy” Noether considerada la más importante de la historia por sus aportaciones al algebra abstracta y a la física teórica. Katherine Johnson (quien aparece en la película “Figuras Ocultas”) por ser quien calculo la trayectoria de vuelo del Apolo XI o Margaret Hamilton quien diseñó el software de vuelo del programa. Jocelyn Bell descubridora de la primera radioseñal de un púlsar de una estrella de neutrones. Rosalind Franklin y sus fotografías de rayos X (la famosa fotografía 51) que permitieron desvelar la estructura de doble hélice del ADN…

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